Por Gus West
La Prensa San Diego (San
Diego, CA)
August 17, 2007
El Mundo (Bellevue, WA)
August
17, 2007
La Nueva Semana (Palatine, IL)
August
25, 2007
West Texas Hispanic News (Lubbock, TX)
August
15, 2007
Rumbo News (Lawrence, MA)
August
15, 2007
El Periodico U.S.A.
(McAllen, TX)
August
22, 2007
Idaho Unido (Pocatello, ID)
August
17, 2007
Buenos Dias Nebraska
(Grand Island, NE)
August
2007
El debate sobre inmigración enciende pasiones encontradas en
todos los rincones de la arena política.
Pero, con tanto hablar de trabajadores indocumentados,
control de la frontera y asimilación, es fácil perder de vista un asunto que es
mucho más importante para los más recientes residentes de Estados Unidos: el
hecho de que la población inmigrante es un blanco fácil para los estafadores.
Sabemos, por ejemplo, de trabajadores mexicanos que entregan
los ahorros de toda una vida a sinvergüenzas, abogados de inmigración
inescrupulosos, y los pierden para siempre. Pero una estafa menos conocida
involucra algo mucho más sencillo: tarjetas telefónicas fraudulentas para
llamadas internacionales.
Y, ya sean las víctimas americanos nativos de estas tierras
o inmigrantes recién llegados a estas tierras, deberíamos estar todos de
acuerdo en que estafar a los consumidores está mal y que nuestros líderes
deberían enjuiciar vigorosamente a los culpables.
Desafortunadamente, eso por ahora no ocurre.
Obviamente, mantenerse en contacto con familiares y amigos en el país natal es una prioridad para los nuevos inmigrantes en los Estados Unidos. Asimismo, como tantos de entre los recién llegados se encuentran en los peldaños más bajos de la escala económica, las tarjetas telefónicas prepagadas representan una opción asequible para aquellos que llaman al exterior.
Efectivamente, un estudio reciente, llevado a cabo por el ex Subsecretario de Comercio, Robert Shapiro, halló que las llamadas internacionales realizadas mediante tarjeta telefónica prepagada cuestan, en promedio, entre un 18 y un 64 por ciento menos que las llamadas realizadas utilizando una línea tradicional en tierra o un teléfono inalámbrico. Para aquellas familias que necesitan cuidar de cada centavo, ello puede significar ahorros de hasta $44 por mes.
Asimismo, las empresas de telecomunicaciones han
experimentado un auge en ventas de tarjetas telefónicas prepagadas, ya que el
pago por anticipado elimina el riesgo de facturas telefónicas impagas. Y, a
medida que la popularidad de las tarjetas telefónicas prepagadas aumenta, el
volumen de las llamadas internacionales va subiendo en forma espectacular,
saltando, de 200 millones de llamadas en 1980, a 11 mil millones de llamadas en
2004.
Pero, a medida que la cantidad de llamadas internacionales a
través de tarjetas telefónicas prepagadas va aumentando, aumenta también la
cantidad de comercios deshonestos que intentan estafar a los nuevos
inmigrantes. Y, puesto que muchos inmigrantes llegan al país hablando poco
inglés y sin conocer el sistema jurídico estadounidense, son blancos fáciles.
No es de sorprender que la estafa más típica consista en
quitarles minutos a los con-sumidores: dar publicidad a determinada cantidad de
minutos, pero proporcionar una cantidad mucho menor de minutos reales.
Con frecuencia, los consumidores ni siquiera se dan cuenta
de que han sido estafados, porque las instrucciones telefónicas dictadas por la
compañía emisora de la tarjeta telefónica reflejan lo que publicitaron. Después
de todo, a menos que esté uno mirando el reloj, es difícil diferenciar entre 25
minutos y 30.
Puesto que este delito está raramente sujeto a
enjuiciamiento y se puede cometer con gran facilidad, se ha vuelto
escandalosamente frecuente.
Un estudio reciente, llevado a cabo por una empresa
independiente de investigación, reveló que cuatro de las compañías más
importantes de tarjetas telefónicas prepagadas reducen hasta por la mitad los
minutos prometidos en la publicidad. En dichas cuatro compañías, el promedio de
minutos disponibles solo era, en realidad, un 60 por ciento de la cantidad de
minutos prometidos.
Estos resultados coinciden con las investigaciones
realizadas por mi organización, el Instituto Hispano. Asimismo, las cifras
fueron confirmadas por un auditor independiente.
Estas tarjetas no son tan sólo productos defectuosos. Ciertas empresas están estafando a sabiendas a muchos de los residentes más vulnerables de Estados Unidos. Algunas de dichas compañías llegan a usar tácticas tipo mafia, sobornando a comerciantes ubicados en zonas con alta densidad de inmigrantes, para que vendan tarjetas telefónicas prepagadas ilícitas a cambio de un porcentaje de las ganancias.
Y no estamos hablando de centavos. Los expertos estiman que
las tarjetas telefónicas prepagadas fraudulentas roban a los hispanos cerca de
un millón de dólares por día. Por otra parte, como con frecuencia aquellos que usan dichas
tarjetas carecen de los recursos y la información necesarios para luchar contra
estas tretas, este delito continúa cometiéndose sin freno.
Hasta el momento, muy pocos congresistas y fiscales de
estados han expresado interés en esta estafa en aumento. Es hora de que se
interesen más legisladores, porque nuestros residentes recién llegados se merecen
un mejor trato.
Con toda seguridad, el debate sobre inmigración continuará
evocando pasiones intensas a ambos lados del
espectro político. Éste es un asunto que debería unirnos a todos.
Gus West es el presidente del Instituto Hispano en Washington, DC.